Bienvenidos a esta mi casita en la red.

No pretendo volar sin alas, no pretendo todos me amen o comprendan, no pretendo me justifiques solo, no me juzgues.
Con eso seré algo más feliz.

martes, 3 de marzo de 2009

Meditación diaria


Vida sin condiciones (1), del Dr. Chopra.
No sólo la enfermedad crea una sensación de falta de base. El cuerpo en sí no es un paquete estable de átomos y moléculas, sino un proceso o, antes bien, miles de millones de procesos simultáneos que se coordinan entre sí. Cierta vez me fascinó observar a un apicultor que introducía los brazos en un enjambre y, encerrando suavemente a la reina entre las manos, trasladaba a toda la colmena, como un glóbulo viviente de insectos suspendidos en el aire. ¿Qué estaba trasladando? No era una masa sólida, sino sólo una imagen de vida en vuelo, rápida, siempre cambiante, que se había centrado alrededor de un punto focal. El enjambre existe como resultado de la conducta de las abejas. Es una ilusión de forma detrás de la cual la realidad es cambio puro.

Lo mismo somos nosotros. Somos un enjambre de moléculas que vuelan en derredor de un centro, pero perdiendo la confianza. La vieja reina, el alma, se ha retirado, pero la nueva reina parece resistirse a salir de su celda. La gran diferencia entre nosotros y un enjambre de abejas es que nos cuesta atribuir realidad al centro invisible que nos mantiene integrados. Es evidente que lo hacemos, porque de lo contrario nos diseminaríamos en el caos. Pero una reina se parece a cualquier otra abeja, sólo que de mayor tamaño; nosotros, en cambio, no tenemos esperanza de hallar un grumo de células que contenga lo que consideramos nuestro centro: amor, esperanza, confianza y fe.

El caos puede ser una ciencia apasionante, pero no es un buen modo de vivir. La falta de sentido lastima demasiado. Los grandes exploradores científicos que marcharon hacia el corazón de la naturaleza, decididos a desmantelar el núcleo de los átomos de hidrógeno y a medir los horizontes más alejados del espacio-tiempo, pasaron por alto el hecho de que, por cada marcha hacia adentro, hay una marcha hacia afuera. Para llegar a alguna parte es preciso irse de otro lugar. Esto significa que, cuanto más profundamente exploremos la naturaleza "de allá afuera", mayor será el peligro de dejar abandonada nuestra propia realidad humana, la realidad "de aquí adentro" con la que vivimos privadamente [...].

Que las Energías de la Síntesis y la Paz, se derramen en la humanidad!Vida sin condiciones (2), del Dr. Chopra.
Hace dos años di una conferencia en Alemania. Después una mujer se acercó a decirme que trabajaba en un gran acuario municipal y allí había observado con frecuencia un fenómeno interesante. Cada vez que se retiraban las gruesas divisiones de vidrio del tanque principal para limpiarlas, los peces nadaban justo hasta el sitio donde debía estar la división y, antes de cruzarlo, giraba hacia atrás, desviado por una barrera que en realidad no existía.

Esta observación cautivó mi imaginación. Nuestros propios límites infranqueables son sólo arrugas en nuestra mente, que otra arruga rotula como demasiado feas, temibles, odiosas o aterrorizantes como para enfrentarlas. Si veo a un antiguo enemigo que me insultó hace diez años, me resultará casi imposible pasar por alto mi herida anterior. Los viejos juicios surgen en mi mente de modo automático, erigiendo una muralla, y la persona que podría ser amiga se ve rechazada de antemano. A su vez, al percibir mi frialdad, levanta sus defensas; así nos encontramos los dos escondidos detrás de barricadas que no cumplen ningún propósito, que carecen de toda realidad. El momento pasa pronto; sin embargo, no ha habido ninguna relación: sólo la rancia repetición de recuerdos gastados. Y la parte más frustrante es que mi torturador de hoy soy yo mismo en las sobras de ayer.

Los rishis estudiaron este problema presentado por el intelecto, que es como un cuchillo para pan: corta constantemente el flujo de la vida en pulcras rebanadas de experiencia, cada una con su rótulo y su dictamen. Comprendieron que este rebanar la realidad, aunque necesario para el proceso de pensamiento, era básicamente falso. La vida es un río, no un grifo que gotea. Por lo tanto, los rishis afirmaron que, si una experiencia depende de rebanadas de tiempo y espacio, no es en absoluto una experiencia. Es una ficción, una sombra, una idea de vida que no tiene vida real. Al interpretar interminablemente el mundo en bocados y fragmentos, lo estamos perdiendo a cada instante, permitiendo que se nos deslice como arena entre los dedos. Para contar con una realidad íntegra y, por lo tanto, ciertamente real, debemos elevamos por sobre el intelecto, descartando sus pulcras rebanadas de experiencia. Como pan de ayer, de cualquier modo no harán sino ponerse rancios.

"YO SOY EL CAMPO"

En vez de un mundo rebanado en bocados y trocitos, los rishis nos ofrecen un continuo (un río en movimiento) que se inicia dentro de nuestra conciencia, se expande para crear todas las cosas y los hechos de "allá afuera" y luego regresa a su fuente, disolviéndose de nuevo en la conciencia. En último término, la percepción de los rishis sólo puede ser puesta a prueba elevándose a su mismo estado de conciencia. Pero supongamos que estén en lo cierto. En ese caso debería sernos posible, siquiera por un instante, ver lo que ellos veían. Un maestro que conozco de Oregon, que ahora tiene algo más de cuarenta años, parece haber tenido una de esas fugaces visiones mientras estaba meditando. La experiencia se inició en territorio familiar:

“Una mañana, cuando empecé a meditar, fue como si un poderoso imán me atrajera hacia dentro de mí mismo. Durante algunos minutos continué hundiéndome más y más, sin esfuerzo de mi parte, hasta que se esfumó toda sensación de estímulos exteriores. Estaba sentado, con la respiración tranquila, pero mi mente permanecía alerta en el ininterrumpido silencio. Comprendí que había trascendido a tal punto que mi ser individual se había desprendido por completo, llevándose cualquier sensación de tiempo, espacio, dirección y cualquier tipo de pensamiento”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario